Un agricultor fue
a ver al gerente de su banco: —Tengo buenas y malas noticias para usted—le
dijo—. ¿Cuál quisiera oír primero? —¿Por qué no empieza por decirme las malas y
salimos de eso de una vez? —replicó el banquero. —Está bien. Debido a la
sequía, a la inflación y a todo lo demás, no le voy a poder pagar mi hipoteca
este año, ni capital ni intereses. Entiendo, eso está realmente mal. —Es aún
peor. Tampoco le voy a poder pagar el préstamo para la maquinaria que compré,
ni capital ni intereses. —¡Caramba! ¡Eso está muy mal! —Y todavía es peor.
Usted recuerda que pedí dinero prestado para comprar semillas, fertilizante y
otros suministros. Bien, no puedo pagarle ni el capital ni los intereses. —¡Eso
es horrible y suficiente! Dígame cuáles son las buenas noticias. ---Las buenas
noticias—contestó el agricultor con una sonrisa—, son que pienso continuar
haciendo negocios con usted!
