jueves, 27 de abril de 2017

Depende de las circunstancias


En la noche del 14 de abril de 1912, el gran trasatlántico Titanic chocó contra un iceberg en el océano Atlántico y se hundió, causando la pérdida de muchas vidas. Una mujer que consiguió un asiento en uno de los botes salvavidas preguntó si podía regresar a su camarote por algo que se había olvidado y le dieron exactamente tres minutos para hacerlo. Corrió por los pasillos pisoteando dinero y piedras preciosas tiradas por todas partes que los pasajeros en su prisa habían dejado caer. Ya en su camarote, pasó por alto sus propias joyas y en vez de ellas tomó tres naranjas. Entonces volvió rápido a su lugar en el bote. Sólo unas horas antes hubiera sido ridículo pensar que ella hubiera aceptado una canasta de naranjas a cambio de siquiera uno de sus más pequeños diamantes, pero las circunstancias habían transformado de repente todos los valores a bordo del barco.