viernes, 21 de abril de 2017

El hombre mal agradecido


Un hombre va paseando por una vía férrea, cuando de pronto un pie se le queda aprisionado entre dos durmientes. Intenta sacarlo, pero sólo consigue encajarlo más. En eso ve que un tren se acerca a toda máquina y, lleno de pavor, se pone a rezar: -¡Dios mío, permíteme sacar el pie y te prometo dejar de beber! Pero, por más que forcejea, el pie sigue atorado. Vuelve a rezar: -¡Apiádate de mí, Señor! No sólo dejaré de beber, sino que ya no diré palabrotas. Pero el pie no se mueve ni un milímetro. -¡Dios mío! –Insiste el hombre-. ¡Permíteme vivir y dejaré de beber y de decir palabrotas, y además te prometo repartir mi dinero entre los pobres! Entonces, como por arte de magia, el pie se suelta, justo a tiempo para que el hombre esquive el tren, que pasa rugiendo. -¡Uf! –dice-. Aunque me las arreglé yo solo, de todos modos gracias, Señor.