Un vendedor viajero recién contratado envió el informe de sus
primeras ventas a la oficina escrito con pésimas faltas de ortografía. Antes de
que el gerente de ventas pudiera responderle, el vendedor envió otra carta
desde Chicago para informar sobre el progreso de su trabajo, con tales faltas
de ortografía que era muy difícil entenderlo. Temeroso de despedirlo, pero más
temeroso aún de no hacerlo, el gerente de ventas llevó el caso al presidente.
La mañana siguiente, los vendedores en su torre de marfil se sorprendieron al
leer en el tablero las dos cartas del vendedor ignorante y, por encima de
ellas, una nota del presidente escrita también con muy mala ortografía: «Hemos
pazado mucho tiempo tratando de escribir bien en ves de tratar de bender.
Pongamos atención a las bentas. Quiero que todos lean estas cartas de Gooch que
ahora mismo está aciendo un buen travajo. Quiero que salgan y agan lo mismo».
