A un viejo sargento le encargaron cuidar de un área de césped
situada frente a las oficinas administrativas de un campamento militar. El
sargento delegó pronto el trabajo a un soldado raso y le dijo que regara el
pasto todos los días a las cinco en punto. El soldado hacía su trabajo
concienzudamente. Un día hubo una terrible tormenta y el sargento entró en las
barracas y vio al soldado descansando en su litera. «¿Qué es lo que te pasa?»,
le gritó. «¡Son las cinco en punto y se supone que deberías estar regando!»
«Pero sargento», dijo el soldado muy confundido, «está lloviendo; mire la
tormenta». «¿Y qué?», respondió el sargento, «¡tienes un impermeable! ¿No es
verdad?»
