Ingrid Bergman dijo una vez: “No me arrepiento de nada. No habría
vivido mi vida como lo hice si me fuese preocupando por lo que la gente iba a
decir”. No me arrepiento en absoluto de haber corrido todos los riesgos por
aquello que me importaba ¡Todo lo he hecho a sabiendas! Y en un momento de mi
vida, es lo que quería hacer y fue exactamente lo que sentí. Fui muy feliz y
sin eso no sería lo que soy ahora. Al final, tengo el alma llena de paz y
tranquilidad. No me arrepiento de nada, y agradezco que todo haya pasado como pasó.
Si me pongo a analizar y si todo fuera perfecto, la vida sería aburrida; en
ocasiones es necesario pasar por un mal momento para que reacciones y veas que estás
haciendo algo incorrecto o simplemente para que te des cuenta que la vida es más
de lo que pensabas. Baruch Benedict Spinoza dijo en una ocasión: “No me
arrepiento de nada. El que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente
miserable”. No me arrepiento de nada, todo lo que hice marcó un paso en mi vida.
Si fue algo bueno, fue increíble. Si fue algo malo fue una experiencia. No me
arrepiento de lo entregado, mucho menos del tiempo dedicado. Me quedo con
aquella tranquilidad de saber que todo lo que hice fue de buena intención, todo
lo que di fue realmente sincero y de corazón. Hoy en día, sonrío y vivo feliz;
porque yo jamás perdí, a mí me perdieron.
