sábado, 6 de mayo de 2017

911


Anoche note a alguien andando sigilosamente por el jardín de la casa. Me levanté silenciosamente, y me quedé siguiendo los leves ruidos que venían de afuera hasta ver una silueta pasando por la ventana del baño. Telefoneé bajito al 9-1-1, e informé la situación y di mi dirección. Me preguntaron si el ladrón estaba armado y si ya estaba dentro de la casa o aún estaba en el jardín. Aclaré que no, que todavía no había entrado y sí parecían estar armado. Me contestaron que en aquel momento no había disponible ninguna unidad móvil cerca para poder ayudar, pero que iban a mandar a alguien tan pronto como les fuese posible. Un minuto después, llamé nuevamente y mentí con aparente voz calmada: - Hola, hace un rato llamé por teléfono, porque había alguien en mi jardín. Me dijeron que vendrían en cuanto fuese posible. Ya no hay necesidad de que se apresuren. Maté al ladrón con un tiro de escopeta. ¡Pucha!, ¡el tiro hizo un desastre al tipo! Pasados menos de tres minutos, había en mi calle cinco autos del OIJ, una docena de policías, un helicóptero, una unidad de rescate, un equipo de TV, cuatro periodistas, y un comité de la asociación pro derechos humanos que no se perderían este caso por nada del mundo. Ellos agarraron al ladrón "in fraganti", quien miraba con cara de asombrado tal enorme e inusual despliegue. En medio del tumulto, un policía se aproximó a mí y me dijo: - Creí que había dicho haber matado al ladrón. - Yo creo que funciona mal el teléfono -respondí-. Yo también creí haber entendido que en ese momento no había nadie disponible para ayudarme.