viernes, 5 de mayo de 2017

Carta al maestro


La construcción de un proyecto de mejora de una nación, depende de los esfuerzos conjuntos y alianzas que podamos concertar entre la escuela, la comunidad y la sociedad en conjunto. Algo que no debemos olvidar es que Dios no impuso a los ignorantes la obligación de aprender, sin antes haber tomado a los que saben el juramento de enseñar. La vida es un largo camino en el que eres maestro y alumno; algunas veces te toca enseñar, todos los días te toca aprender. Ahora, enseñar es igual que conducir un vehículo. Existen aquellos que manejan como si la calle les perteneciera, y aquellos que conducen como si el auto les perteneciera. Coincido con el Papa Francisco que todo educador debe enseñar a sus alumnos tres lenguajes: el lenguaje de la cabeza para pensar y razonar, el lenguaje del corazón para sentir e impulsarlos y el lenguaje de las manos para impactar positivamente y de forma tangible a la sociedad y que todo estudiante debe aprender a pensar y hacer lo que siente; a hacer y sentir lo que piensa, y a pensar y sentir lo que hace. Debemos recordarle a nuestros estudiantes que el secreto de la sabiduría esta en hacer productivo lo que hayan aprendido, pero ojo, si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno, ni es bueno el maestro.