La construcción de un proyecto de mejora de una nación, depende de
los esfuerzos conjuntos y alianzas que podamos concertar entre la escuela, la
comunidad y la sociedad en conjunto. Algo que no debemos olvidar es que Dios no
impuso a los ignorantes la obligación de aprender, sin antes haber tomado a los
que saben el juramento de enseñar. La vida es un largo camino en el que eres
maestro y alumno; algunas veces te toca enseñar, todos los días te toca
aprender. Ahora, enseñar es igual que conducir un vehículo. Existen aquellos
que manejan como si la calle les perteneciera, y aquellos que conducen como si
el auto les perteneciera. Coincido con el Papa Francisco que todo educador debe
enseñar a sus alumnos tres lenguajes: el lenguaje de la cabeza para pensar y
razonar, el lenguaje del corazón para sentir e impulsarlos y el lenguaje de las
manos para impactar positivamente y de forma tangible a la sociedad y que todo
estudiante debe aprender a pensar y hacer lo que siente; a hacer y sentir lo
que piensa, y a pensar y sentir lo que hace. Debemos recordarle a nuestros
estudiantes que el secreto de la sabiduría esta en hacer productivo lo que hayan
aprendido, pero ojo, si el alumno no supera al maestro, ni es bueno el alumno,
ni es bueno el maestro.
