Cada minuto de nuestras vidas está definido por las decisiones que
tomamos de una manera consciente o inconsciente. Algunas elecciones son muy
sencillas de tomar como por ejemplo escoger el vestido para la ocasión o
realizar compras en el supermercado. Otras decisiones, por los factores que las
componen son un tanto más difíciles: compra de casa, matrimonio, etc., sin
embargo cada una de ellas hasta las más pequeñas merecen que les demos la
importancia que requieren. ¡No olvides que al tomar decisiones, es nuestra vida
y nuestro destino es el que será alterado! Estas elecciones pueden cambiar
nuestra carrera, nuestras relaciones o nuestra vida completa. Incluso al no
elegir, estamos decidiendo. Tomar buenas decisiones es uno de los aprendizajes más importantes
y más complicados para cualquier persona porque no existe ningún manual al que puedas acudir a
buscar la respuesta correcta. Peor aún, cualquier situación en la que hayas
tenido que elegir puede tener grandes consecuencias en el futuro, aún y cuando
ya no lo recuerdes o la veas como algo sin importancia. ¿Sabías que la mejor manera de tomar una decisión es pensar en
cómo te sentirás al respecto en unos años? Piensa en lo que pensarás de ti
cuando te mires en el espejo y en cómo se lo explicarás a tus nietos. Si no te
gusta cuáles serán las repercusiones a largo plazo, es posible que necesites
reconsiderar tu enfoque. Además antes de elegir, haz a un lado tus sentimientos
e ideas preconcebidas. Y una vez que comienzas a eliminar lo que no te ayuda a
decidir, eres más libre de elegir.
