viernes, 5 de mayo de 2017

Cubra todas sus bases


A un niñito que andaba hablando solo mientras caminaba por el patio de su casa, tocado con su gorra de béisbol y jugueteando con la pelota y el bate, se le oyó decir orgullosamente: —Soy el mejor jugador de béisbol del mundo. Después arrojó la pelota al aire, intentó darle con el bate y erró. Impávido, recogió la pelota, la lanzó al aire y se reafirmó diciendo: —¡Soy el mejor jugador que hay! Repitió el intento de asestar un golpe a la pelota y, tras volver a fallar, se detuvo un momento a examinar minuciosamente el bate y la bola. Luego, arrojó una vez más la pelota al aire y dijo: —Soy el mejor jugador de béisbol que jamás haya habido. Volvió a asestar el golpe con el bate y una vez más erró a la pelota. —¡Uau! —exclamó—: ¡Vaya lanzador!