Un proverbio oriental dice: “Cuando de cada ocho marineros, siete
son timoneles, el navío termina yéndose a pique”. Y es que cualquiera puede
gobernar un barco, pero se necesita un líder que planee la ruta. Un líder, que
según Leroy Eims, “vea más que los demás, vea más allá que los demás, y vea
antes que los demás.” Un buen líder que permanezca enfocado… controlando su
rumbo y no controlado por este como sucedió en abril 1912 cuando la tripulación
del TITANIC no pudo mirar lo suficientemente hacia adelante como para evadir el
iceberg y, debido al tamaño del barco, el más grande de su época, no pudo hacer
la maniobra debida para cambiar el rumbo provocando la muerte de más de mil
personas. Cuando un líder comete errores, no solo se afecta así mismo! Ocasionalmente
se oyen noticias de choques de cuatro aviones militares que vuelan juntos en
formación. La razón de la pérdida de los cuatro es la siguiente: Cuando los
aviones de guerra vuelan en grupos de cuatro, un piloto —el líder— decide hacia
dónde debe volar la escuadrilla. Los otros tres aviones vuelan según los dirija
el líder, observándolo y siguiéndolo adondequiera que vaya…
