Una cosa es hablar, y otra bien distinta, comunicar. Lo primero
puede hacerlo cualquiera, pero lo segundo tan sólo está al alcance de quienes
saben por qué y para qué se dirigen a otras personas. En palabras del filósofo
griego Platón "el sabio habla porque
tiene algo que decir; el tonto, porque tiene que decir algo". Comunicar
adecuadamente crea puentes que te permiten conectar con las personas que te
rodean y escuchan y es vital para cohesionar equipos e inspirar valores. Y si
bien hay líderes que cuentan con un carisma innato y cierta facilidad para el
uso de la palabra, hablar en público es un arte que puede aprenderse
rápidamente. Tan sólo se necesita ganas de enfrentarse a uno mismo, a sus
miedos e inseguridades. No en vano, para que los demás te crean y confíen en
ti, primero tienes que creer y confiar en ti mismo. Lo curioso de la
comunicación es que lo más importante no es lo que se dice, sino cómo se dice.
El significado de las palabras viene determinado por la persona que escucha y
no por la que habla. ¿Sabías que sólo el 7% de la comunicación entre dos
personas se realiza mediante "las palabras"?. El 38% se transmite a
través de "la voz y la forma en la que se habla", y el 55% restante,
por medio del "lenguaje corporal", que incluye "los gestos, las
posturas, el movimiento de los ojos y la respiración". Otro aspecto que no
se debe descuidar es la presentación personal según la ocasión. ¡Es vital! Dado
que el auditorio se fija más "en la forma que en el contenido", el
orador debe atender, observar y detectar las sutiles reacciones del público, de
manera que sepa cómo conectarse emocionalmente con él.
