jueves, 4 de mayo de 2017

El poder de la imagen: Como te ven, te tratan


Cuando Cristóbal Colon trataba de conseguir fondos para llevar a cabo sus legendarios viajes, muchos de los que lo rodeaban creían que provenía de la aristocracia italiana! Hijo de un tal conde Colombo, a su vez descendiente de un general romano llamado Colonio. También se decía que dos de sus primos hermanos eran descendientes de un emperador de Constantinopla. Todo era una ilustre fantasía ya que Colon era, en realidad, el hijo de Doménico Colombo un humilde tejedor y vendedor de quesos. Su falsa historia de origen noble le permitió casarse con una joven de una reconocida familia de Lisboa que tenía conexiones con la realeza de Portugal. Sus relaciones portuguesas le permitieron moverse en los altos círculos de la corte española y que la reina Isabel le concediera una audiencia. Colon no sabía nada del mar! Era incapaz de determinar la latitud y la longitud de las tierras descubiertas y llego a confundir islas con vastos continentes. Pero en una cosa era un verdadero genio: Sabía venderse. La capacidad de fascinar a otros provenía de su porte y de su actitud. Una sensación de confianza que no guardaba relación alguna con sus medios y recursos pero que lo había convencido de que había sido destinado para la grandeza. Está en sus manos fijar su propio precio. ¡Su actitud refleja lo que usted piensa de sí mismo! Si pide poco, arrastra los pies y baja la cabeza, la gente supondrá que ese es el reflejo de su carácter. En cambio, si cree que esta está destinado a realizar grandes cosas, su convicción irradiara su brillo de la misma manera en que una corona crea un aura en torno a un rey. Y esa aura deslumbrara a quienes le rodeen...