“Jesús dijo: —Dos hombres fueron al templo a orar. Uno de ellos
era fariseo y el otro era cobrador de impuestos. Puesto de pie, el fariseo
oraba así: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres. Ellos
son ladrones y malvados, y engañan a sus esposas con otras mujeres. ¡Tampoco
soy como ese cobrador de impuestos! Yo ayuno dos veces por semana y te doy la
décima parte de todo lo que gano.” El cobrador de impuestos, en cambio, se
quedó un poco más atrás. Ni siquiera se atrevía a levantar la mirada hacia el
cielo, sino que se daba golpes en el pecho y decía: “¡Dios, ten compasión de
mí, y perdóname por todo lo malo que he hecho!” Una persona descansa sobre su prestigio,
otra sobre su dinero, aquella sobre su título, etc. Lo más curioso es que todos
necesitamos de todos aunque estemos inflados de orgullo y vanidad. Empezar a
darse cuenta de la propia necesidad y miseria en que nos encontramos, es
absolutamente imposible en tanto exista en nosotros el concepto ese del
"Más": Yo soy más justo que aquél, más sabio que fulano, mas virtuoso
que zutano, etc.
