Iba un hombre caminando por la selva en busca de aventuras, cuando
de pronto, lo rodearon un grupo de salvajes caníbales. Al instante, pudo ver en
los rostros que aquellos nativos no tenían muy buenas intenciones: - ¡¡Estoy en
problemas!! -gritó el hombre mirando al cielo. En eso, el cielo se abrió,
apareció un rayo de luz, y se escuchó una poderosa voz que decía: - No, todavía
no. Todavía no estás en problemas. Lo que ahora debes hacer es atacar por
sorpresa y quitarle la lanza al jefe caníbal. Una vez que tengas el arma en tu
poder, clávasela a su hijo en el corazón. El hijo es ese jovencito con el
taparrabos colorado que está a su derecha. Luego, aprovechando la sorpresa,
escupe al jefe en la cara y hazle un gesto obsceno con la mano mientras señalas
al hijo muerto. El hombre, con la esperanza insuflada por la voz venida del
cielo, se arrojó contra el jefe. Tras un breve forcejeo y ayudado por la
sorpresa le quitó la lanza, giró, y la clavó en el pecho de su hijo.
Inmediatamente, mientras el rostro del jefe se transformaba en una máscara de
horror, le escupió en medio de la cara. Finalmente, alzó su dedo corazón de la
mano derecha mientras señalaba al joven muerto con la izquierda a la vez que
esbozaba una sonrisa ofensiva y socarrona por el triunfo. De repente, el cielo
volvió a abrirse, la luz reapareció de nuevo, y la misma poderosa voz exclamó: -
¡¡Ahora sí que te has metido en problemas!!
