El director general de un gran banco se preocupaba por un joven
director de una de sus sucursales que, después de varios años de haber
trabajado afanosamente sin casi pararse a almorzar, se había empezado a ausentar
a diario durante una hora al mediodía sin justificarse ni tampoco almorzar con
los compañeros como era la costumbre. El director general telefoneó a un
detective privado y le pidió: - Siga a López un día entero, no vaya a ser que
ande inmerso en algún asunto espinoso que termine con un chantaje al banco. El
detective cumplió con el cometido, volvió e informó: - El Sr. López sale
normalmente al mediodía de la sucursal, toma el automóvil, va a su casa a
almorzar, luego hace el amor a su mujer, se fuma uno de sus excelentes puros y,
finalmente, vuelve otra vez al trabajo. - ¡Ah, bueno, menos mal! -exclamó el
director general-. No hay ningún motivo susceptible de chantaje para la entidad
bancaria. ¡No hay nada malo en eso! - ¿Puedo tutearlo, señor director?
-preguntó el detective. - Sí, ¡cómo no! -respondió sorprendido el director. -
Repito: López sale de la sucursal normalmente al mediodía, toma el automóvil,
va a tu casa a almorzar, luego hace el amor a tu mujer, se fuma uno de tus
excelentes puros, y vuelve otra vez al trabajo.
