La mayor parte del tiempo los niños ven programas de televisión que
no están dirigidos a la audiencia infantil: concursos, telenovelas y videos
musicales. La televisión no distingue entre sus espectadores. Si tienes cuatro
años y puedes prender el aparato, entonces tienes derecho a obtener la misma
información que un joven de catorce años o un adulto de cuarenta. El niño debe
ir descubriendo el mundo adulto paulatinamente a medida que su desarrollo
psíquico se lo permita. La exposición indiscriminada de problemas de la vida
adulta como violencia y sexo altera su mundo de los valores. Numerosos
problemas se resuelven ante las cámaras a través de la belleza, el uso de la
fuerza, e incluso la utilización de poderes mágicos en donde los protagonistas
se caen desde pisos elevados y no les pasa nada! Esto induce al niño a imitar
conductas y lenguajes deformados, no acorde a su edad. El uso indiscriminado de
la televisión provoca una actitud
pasiva, pues al ser una actividad meramente receptiva no supone ningún
esfuerzo. Niños entre 2 y 11 años ven muchas horas de televisión no supervisada
principalmente cercano a la hora de dormir lo cual interfiere con el sueño,
resultando en fatiga e inatención al día siguiente. Excesiva televisión se ha
relacionado con un pobre rendimiento escolar y pérdida de buenos hábitos de
alimentación.
