sábado, 6 de mayo de 2017

Lo malo es màs fuerte que lo bueno


Todo el mundo sabe que cuando una fruta se empieza a pudrir dentro de la cesta lo mejor es retirarla. De no hacerlo acelerará el proceso de maduración de las demás. Esta  circunstancia se utiliza como analogía con los grupos de personas, donde uno o varios individuos malintencionados pueden influir negativamente sobre los demás, hasta tal punto de echar a perder el grupo completo. Estudios demuestran que las interacciones negativas pueden tener un mayor impacto que las interacciones positivas en cualquier organización. Los pensamientos, sentimientos y desempeños negativos que alguien destructivo activa en otros son mucho mayores y duraderos que las respuestas positivas de colegas constructivos. Se trata de las personas que tienen muy poca consideración por los otros compañeros y los menosprecian de palabra, se ríen de otras personas, hacen comentarios sexistas u ofensivos, y en general tienen una actitud agresiva con los demás. Son aquellos que muestran una actitud negativa ante todo. Casi cualquier cosa se recibe con una crítica, desencanto o, directamente, rebeldía. Es vital que los jefes identifiquen las manzanas podridas en el proceso de contratación evaluándolas bajo condiciones laborales reales, ya que en una entrevista pueden resultar encantadoras. Y si alguna se cuela no se deben escatimar esfuerzos para reformarlas o simplemente deshacerse de ellas. Hay ocasiones en los que la organización no puede deshacerse de una personalidad destructiva. En esos casos, los jefes pueden intentar advertir o incentivar a la persona para que deje su comportamiento tóxico. Otra táctica es aislar a la manzana dañada. ¡Hazlo antes de que el resto de la organización sea contagiada!