Todo el mundo sabe que cuando una fruta se empieza a pudrir dentro
de la cesta lo mejor es retirarla. De no hacerlo acelerará el proceso de
maduración de las demás. Esta
circunstancia se utiliza como analogía con los grupos de personas, donde
uno o varios individuos malintencionados pueden influir negativamente sobre los
demás, hasta tal punto de echar a perder el grupo completo. Estudios demuestran
que las interacciones negativas pueden tener un mayor impacto que las
interacciones positivas en cualquier organización. Los pensamientos,
sentimientos y desempeños negativos que alguien destructivo activa en otros son
mucho mayores y duraderos que las respuestas positivas de colegas
constructivos. Se trata de las personas que tienen muy poca consideración por
los otros compañeros y los menosprecian de palabra, se ríen de otras personas,
hacen comentarios sexistas u ofensivos, y en general tienen una actitud
agresiva con los demás. Son aquellos que muestran una actitud negativa ante
todo. Casi cualquier cosa se recibe con una crítica, desencanto o,
directamente, rebeldía. Es vital que los jefes identifiquen las manzanas
podridas en el proceso de contratación evaluándolas bajo condiciones laborales
reales, ya que en una entrevista pueden resultar encantadoras. Y si alguna se
cuela no se deben escatimar esfuerzos para reformarlas o simplemente deshacerse
de ellas. Hay ocasiones en los que la organización no puede deshacerse de una
personalidad destructiva. En esos casos, los jefes pueden intentar advertir o
incentivar a la persona para que deje su comportamiento tóxico. Otra táctica es
aislar a la manzana dañada. ¡Hazlo antes de que el resto de la organización sea
contagiada!
