Uno de los alumnos solicita hablar con la profesora. - Pedro,
¿cuál es el problema? -le pregunta. - Es que soy muy inteligente para estar en
primer grado. Mi hermana está en tercero, y yo soy aún más inteligente que
ella. ¡Yo también quiero ir en tercer grado! La profesora ve que no va a poder
convencer al niño con palabras y van juntos a la dirección del colegio. El
Director decide que le van a hacer algunas preguntas al chico y, si no consigue
responder acertadamente, habrá de continuar en primer grado. La profesora está
de acuerdo, y Pedro acepta. - Pedro, ¿cuántas son 3 veces 3? -pregunta el
Director. - 9 -contesta Pedro. - ¡Muy bien! ¿Y cuántas son 6 veces 6? - 36. -
¡Exacto! El Director continúa con la batería de preguntas cada vez más
difíciles incluso para quinto y sexto grado, y Pedro no comete ningún error.
Entonces pide a la profesora que inicie un turno de preguntas. - ¿Qué cosas una
vaca tiene cuatro y yo tengo dos? - Piernas -responde Pedro después de algunos
momentos de duda. - ¡Muy bien! ¿Y qué dos cosas tiene el Director en sus
pantalones que no tengo en los míos? El Director hace señas a la maestra para
interrumpir la pregunta, pero ya es tarde. - ¡Bolsillos! -contesta Pedro. - ¿Y
qué es lo primero que se le agranda a una mujer cuando se casa? -pregunta la
profesora. El Director, completamente nervioso, se queda sin respiración. - El
apellido -responde Pedro-. Pasa a ser: "de" Fulano. Entonces el
Director respira aliviado y le dice a la maestra: - Ponga a Pedro en cuarto
grado. Yo mismo hubiera errado las tres últimas preguntas.
