sábado, 6 de mayo de 2017

Un dia en el metro


“Un domingo por la mañana en el metro la gente estaba tranquilamente sentada, leyendo el periódico o descansando con los ojos cerrados. Entonces, de pronto, entraron en el vagón un hombre y sus hijos. Los niños eran tan alborotadores e ingobernables que de inmediato se modificó todo el clima. El hombre se sentó junto a mí y cerró los ojos, en apariencia ignorando y abstrayéndose de la situación. Los niños vociferaban de aquí para allá, arrojando objetos, incluso arrebatando los periódicos de la gente. Era muy molesto. Pero el hombre sentado junto a mí no hacía nada. Se veía que las otras personas que estaban allí se sentían igualmente irritadas. De modo que, finalmente me volví hacia él y le dije: «Señor, sus hijos están molestando a muchas personas. ¿No puede controlarlos un poco?». El hombre alzó los ojos como si sólo entonces hubiera tomado conciencia de la situación, y dijo con suavidad: «Oh, tiene razón. Lo que sucede es que volvemos del hospital donde su madre ha muerto hace más o menos una hora. No sé cómo reaccionar y supongo que ellos tampoco». Mi paradigma cambió. De pronto vi las cosas de otro modo, y como las veía de otro modo, pensé de otra manera, sentí de otra manera, me comporté de otra manera. Mi irritación se desvaneció y fui invadido por el dolor de aquel hombre. Libremente fluían sentimientos de simpatía y compasión. « ¿Su esposa acaba de morir? Lo siento mucho... ¿Cómo ha sido? ¿Puedo hacer algo?» Todo cambió en un instante…