Las personas de este mundo se dividen en tres grupos: (1) Los que
tienen, (2) Los que no tienen, y (3) Los que no han pagado lo que tienen.
Vivimos en una sociedad consumista en la que muchas personas viven de las
apariencias porque la sociedad actual califica a las personas en función de la
imagen externa, por tanto la apariencia económica es esencial para hacerse un
hueco entre “los elegidos”. En las reuniones de amigos ya no se pregunta en qué
trabajas sino cuánto ganas con tu trabajo y hemos organizado nuestra vida
alrededor de la posesión, del tener, del comprar, del superar a nuestros
vecinos, de ir a la par con la última tecnología. La publicidad y la moda llevan
a muchos a vivir niveles económicos que no les corresponde al tratar de
presumir de tener lo mejor. El desenfreno del consumismo provoca que muchas
personas paguen, a crédito, el doble o más por el costo de un artículo, lo que
termina empobreciendo a quien lo compra y enriqueciendo a quien lo vende. El
sabio Salomón decía que: “El pobre trabaja para el rico; el que pide prestado
se hace esclavo del prestamista.” Aparte de empobrecer, el vivir de crédito
“Roba la Paz” porque al recibir el salario, a muchos no les alcanza por todo lo
que tienen que pagar y eso los frustra, además que se “genera incertidumbre”
porque al no conocer el futuro, se genera un gran temor: ¿tendré trabajo?,
¿podré pagar?, ¿Y si me enfermo? Moraleja: ¡Huye de las cuentas “a paguitos”!
