El dinero hace personas ricas, el conocimiento hace personas
sabias, pero la humildad hace grandes personas. Para ser grande en la vida,
solo necesitamos afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en
el comportamiento. En un corazón sencillo encontrarás muchas más cosas de las
que crees… ese corazón no vive por el oportunismo, la falsedad o la comodidad, él
solo busca lo que necesita: amor,
humildad y sinceridad. Me encanta la gente sencilla. Admiro a la gente noble,
que no se cree más que nadie. Gente que en cada acción da su alma, su corazón y
mientras más sencilla es la gente, más hermosa resulta. Un buen cuerpo y una
buena cara gustan pero un corazón humilde y sincero, enamoran. A veces la
sencillez no solo dice lo pobre que eres, si no que no importa si eres rico.
Ser sencillo y humilde te vuelve importante y esencial en el mundo que vives. Una
vez un hombre rico le entregó una canasta con basura a un hombre pobre. El
hombre pobre sonrió y corrió con la canasta, la vació, la lavo, la llenó de
flores y se la dio de regreso. El hombre rico se asombró y le pregunto: “¿Por qué
me ha dado flores, si yo le di basura?” El hombre pobre dijo: “Porque cada uno
da lo que tiene en el corazón”. La sencillez y humildad imprimen al corazón un
brillo especial que supera el deseo desmedido por sobresalir, sentirnos
distinguidos y admirados sólo por la apariencia externa.
