sábado, 3 de junio de 2017

El hombre mediocre VS el hombre superior


Tres elementos forman la personalidad de cada individuo: (1) La herencia biológica a través de la cual las generaciones precedentes le transmiten funciones mentales para distinguir, reconocer e imitar. (2) La educación que es el resultado de múltiples influencias del medio social en el que el individuo está obligado a vivir y (3) La variación individual cuyas experiencias personales marcará la diferencia entre un ser mediocre y un ser superior. Y es precisamente la variación la que marca la originalidad porque variar es ser alguien! no un reflejo de los demás. Diferenciarse es tener un carácter propio no una paciencia imitativa. Fácilmente el mediocre se confunde entre los que lo rodean, el original tiende a diferenciarse del montón. El mediocre piensa con la cabeza de los demás, el original aspira a pensar con la propia. Si tuviéramos que recapitular: El hombre mediocre se caracteriza por (1) imitar a cuantos lo rodean, (2) pensar con cabeza ajena y (3) ser incapaz de forjarse ideales propios en cambio el hombre superior (1) es un accidente provechoso para la evolución humana, (2) precursor de nuevas formas de perfección para el medio en el que vive y (3) sobrepone sus ideales a las rutinas de los demás. La mediocridad tiene su propia familia: su hermana  es la rutina, su abuela la zona de confort y su madre la pereza quien es a su vez la madre de todos los vicios. Incapaz de un “si o un “no” y ausente de compromiso, la mediocridad se vuelve peligrosa porque se vuelve soportable y se puede vivir con ella, y peor aún: se puede heredar!. La única manera de “asesinar” a la mediocridad es a través de un corazón valiente que adquiera nuevos hábitos de excelencia.