Y en lugar de una caricia o hablarle como a un amigo, lo miraba
compungido, presintiendo una paliza, y el pobre, que me entendía, sacudiendo la
cabeza escuchaba con tristeza lo que mi madre decía. Y que él, y que él de
sobra sabía "¡que con este no se puede, que me pinta las paredes, que trajo las suelas
rotas, que la calle, la pelota, que me saca canas verdes!" A la cama sin
cenar, aburrido me ordenaba, mi madre me consolaba y yo, y yo lo culpaba a él, a
él que había llegado recién de trabajar cansado y ya lo había yo amargado con
todas mis travesuras. Los hijos nunca analizan el sentimiento del padre, porque
el brillo de la madre es tan fuerte, que lo eclipsa solo le hacemos justicia
cuando nos toca vivir a nosotros su problema, ¡ay... si mi padre viviera! que recién lo comprendí y
por que núnca me dijo lo mucho que me quería. Si hoy yo se cuánto sufría al ver
enfermo a su hijo porque me miraba fijo
el primer pantalón largo y se, y sé que hasta me habrá besado cuando yo estaba
dormido hoy que todo lo comprendo, ¿por qué no estás a mi lado? ¿Por qué no
estás ahora para besarte bien fuerte viejo lindo? y ofrecerte mi cariño a todas
horas. Ves a tu hijo que llora, pero llora con razón, porque te pide perdón pensando en aquellos
días en que ciego no veía que eras puro corazón, déjame negra que llore, es tan
lindo desahogarse. En fin, veamos que hacen nuestros futuros señores mira esos
pantalones, tápale un poco a la nena si, si, ya sé, no me lo digas, hoy se fue
a la calle sola acuéstate rezongona, mañana, mañana será otro día.
