A medida que crezcas, descubrirás que tienes dos manos; una para
ayudarte a ti mismo y otra para ayudar a los demás. Una de las virtudes del ser
humano es poder ayudar a alguien y dar palabras de aliento, sin recibir nada a
cambio. Ayudar a otro es un privilegio. Agradece la oportunidad de poder
hacerlo. José Martí decía que: “Ayudar al
que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad”. El
verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar a otro para
que sea quien es. ¡Y si no puedes ayudarles, al menos no les hagas daño! “El
que hace sufrir al prójimo, decía Tolstoi, se perjudica a sí mismo. El que
ayuda a los demás, se ayuda a sí mismo”. Las grandes oportunidades para ayudar
a los demás rara vez vienen, pero las pequeñas nos rodean todos los días. ¿Sabías
que tu crecimiento espiritual no se mide por cuándo rezas? Sino por cuanto
estás preparado para ayudar a otros. Indudablemente nadie se ocupa de quien no
se ocupa de nadie. Nunca juzgues al caído, mejor ayúdalo a levantarse porque
mañana podrías ser tú, procura ayudarlo porque es probable que tú puedas ser el
único que lo haga. ¡No podemos ayudar a todos… pero todos podemos ayudar a
alguien! Ayuda a crecer a los demás y cada día tú serás más grande. Lo más
persistente en la vida y la pregunta más urgente, decía Martin Luther King, es ¿Qué
estás haciendo por los demás?
