La siembra y la cosecha es uno de los más sencillos principios. Cualquier
cosa en la que ponemos nuestro tiempo, energía y dinero, es un acto de siembra.
Cosecha son los resultados o consecuencias de lo que hemos sembrado. La Biblia dice:
“Siembre lágrimas y cosechará alegrías, siembre justicia y cosechará recompensa,
siembre injusticia y cosechará calamidad, siembre para la carne y cosechará destrucción,
siembre generosamente y cosechará generosamente, siembre nada y cosechará nada,
siembre en un buen suelo y obtendrá una buena cosecha”. Quien sabe lo que
siembra, no le teme a la cosecha. Si siembra bien la buena semilla, cosechara
bien. No se puede sembrar manzanas y recoger naranjas, cada semilla se
reproduce a sí misma y todo vuelve multiplicado, acción-reacción,
causa-efecto. ¡No hay atajos! El que ama
es amado, el que ayuda es ayudado, el que critica es criticado y el que daña
recibe lo que ha causado. ¡Quien siembra vientos, cosecha tempestades! El mundo
está lleno de gente que quiere recoger frutos de árboles que nunca sembraron.
¡No existe cosecha sin siembra! Propóngase comenzar sembrando una pequeña
semilla de determinación para hacer un cambio positivo y un día cosechar un
enorme dividendo. Si no lo hace, la historia se repetirá tantas veces, hasta
que aprenda las lecciones de que tiene que cambiar...
