martes, 13 de junio de 2017

Papà tenìa razòn


Cuando cumplí dieciocho años, mi padre era tan ignorante que no podía soportarle. Recuerdo expresiones de aquel entonces, tales como “Algún día me lo agradecerás… y verás que todo fue por tu bien”. Cuando cumplí veinticinco, me pareció increíble lo mucho que mi papá había aprendido en siete años. Entonces me di cuenta que ya me había convertido en un adulto, no porque iba a empezar a obedecer a mis padre sino porque entendí que ¡El siempre tuvo la razón!  Aún recuerdo, con mucha gracia, un rótulo que hacìa muchos años mi padre había colgado en la pared y que tenía por título: “REGLAS DE LA CASA”. Constaba únicamente de dos reglas. La primera decía: “Regla No1. Papá siempre tiene la razón”. “Regla No2. Si papá está equivocado lea la Regla No.1”. ¿Cuantas veces mi padre me enseñó cosas que sólo con el paso de los años logre comprender? En la sabiduría de mi papá hoy recuerdo consejos que nunca olvidaré y que estoy transmitido a mis hijos: “La familia siempre está primero”, “¡No ande descalzo!”, “Abrígate antes de salir a jugar”, “No abras la puerta a los extraños”, “¿Cómo te fue hoy en tu día?”, “Quien se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen”, “El necio habla, el sabio escucha”, “Estudia para que seas alguien en la vida”, “¿Si tus amigos se tiran de un puente, tú también?”. Un sabio dijo: “Jamás encontrareis ternura mejor, más profunda, más desinteresada ni verdadera que la de tu padre”. Cuando comprendemos que nuestro padre tenía razón, es porque tenemos un hijo que piensa que su padre está equivocado.