Prometieron que no olvidarían sus risas, sus bromas, sus
conversaciones, sus planes, sus juegos, sus lágrimas, sus experiencias, sus
abrazos y besos… ¡Prometieron no olvidarse! Y se separaron. Ella tomo el camino
de la izquierda. El, el de la derecha. Pero se olvidaron de algo, el mundo es
redondo… Acordaron la esperanza de coincidir en otras vidas, ya no tan tercos,
ya no tan jóvenes, ya no tan ciegos ni testarudos, ya sin razones sino
pasiones, ya sin orgullo ni pretensiones. Si tan solo hubiesen sido capaces de
saber cuándo y dónde volverían a encontrarse de nuevo, su despedida hubiese
sido más tierna. El tiempo pasó… y cuando menos lo esperaban, volvieron a reencontrarse
con su amor y los sentimientos del pasado volvieron a renacer en sus corazones,
¡Ambos se amaban como la primera vez! Alguien dijo que los mejores reencuentros
ocurren en los momentos más inesperados. Se miraron a los ojos sin saber qué
hacer, que decir ni en qué dirección correr. De esas tres opciones, decidieron
la última, correr, pero no para alejarse sino para fundirse en un abrazo. Pocas
cosas hay más bonitas en la vida que abrazar a quien has echado de menos. Su reencuentro
fue el inicio de una nueva historia con los mismos protagonistas, porque el
amor verdadero no tiene final feliz ¡Simplemente no tiene final! Aquí se
cumplió aquella frase que dice: “Si dos personas están destinadas a estar
juntas, aunque tropiecen mil veces igual se encontraran al final del camino”.
